
El diseño gráfico y la mia vita.
Estudié diseño gráfico no porque me interesara verdaderamente la publicidad, más bien porque era la carrera que más se acercaba a lo que realmente me interesaba:
Los monigotes. Estudié esta carrera en la peor escuela que existe: el centro de estudios UNIVER NOROESTE, en Tijuana B.C.
Los primeros años fueron los interesantes, estudiando materias de técnicas de representación gráfica y de desarrollo creativo. El resto me dio hueva, todo lo que tiene que ver con cuestiones administrativas y mercadotécnicas. Nunca compartí la idea de que un producto comercial, por más chafa, inútil y estúpido que sea, es finalmente vendible. Eran mis épocas en las que me creía Che Guevara (con unos cuantos meses viajando por Oaxaca y Chiapas uno termina adoptando algunos vicios) y me pelaba con las tendencias consumistas-imperialistas que la mercadotecnia propone y que por ende, el diseño gráfico corporativo trae consigo. Sin embargo, he tenido que colaborar en el mundo de la publicidad, pero siempre en rubros que considero menos mezquinos que los corporativos: Centros culturales, diseño de carteles y volantes para diferentes tipos de eventos, imágenes publicitarias para bares y cafeterías, etc´s. En todo caso, si la idea es vender, mínimo voy a utilizar capacidad creativa para vender algo que yo considere que valga la pena: un fandango de son jarocho, una tocada de drum & bass, un logotipo para un antro o la imagen de una revista porno.